miércoles, 11 de marzo de 2020

10 Razones para Instalar Paneles Solares

10 Razones para Instalar Paneles Solares



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1. Reduce de forma significativa tu factura eléctrica

Sea en tu propia casa, en un negocio o en una comunidad de vecinos, los costes de la electricidad representan una parte importante de tus gastos mensuales. Un sistema de generación fotovoltaica con paneles solares es capaz de generar energía gratuita durante todo el periodo de vida de la instalación, que puede superar los 25 años. No vas a generar con tu planta el 100% de la energía que necesitas, pero reducirás de forma significativa tu factura eléctrica generando importantes ahorros.
return on solar investment

2. Obtén un gran retorno sobre tu inversión

Los paneles solares no son un gasto - son una de las mejores opciones de inversión, con retornos superiores a productos tradicionales de inversión como acciones o planes de inversión. Gracias a los ahorros en la factura eléctrica, la inversión en una instalación media en España se recuperar en unos seis o siete años generando un retorno de inversión del 20 por ciento o superior.
rising energy costs

3. Protégete ante las variaciones de precio de la energía

Uno de los beneficios más claros de los paneles solares es que te protegen de las variaciones de precio de la electricidad. Durante los últimos diez años, el precio medio de la energía para el consumidor residencial ha subido aproximadamente un tres por ciento anual. Mediante la inversión en un sistema solar ahora, te proteges frente a las variaciones futuras en el coste de la energía. Tanto si tienes un negocio como en tu propia casa, volverse solar permite predecir y gestionar los gastos en electricidad de forma mucho más eficiente.
increase property value

4. Aumenta el valor de tu casa

Son varios los estudios que demuestran que los inmuebles equipados con sistema de aprovechamiento de la energía solar aumentan su valor en el mercado inmobiliario y se venden de forma más rápida que las casas sin este tipo de sistemas. Agentes inmobiliarios y tasadores están teniendo cada vez más en cuenta las instalaciones de autoconsumo como un factor con influencia sobre el valor de la vivienda en el momento de su venta, y, a medida que el público general se vaya educando en las ventajas solares, la demanda de inmuebles con sistemas de generación solar aumentará. Además, la calificación energética de tu vivienda mejorará.
united states flag

5. Contribuye a la independencia energética del país

El sol es una fuente inagotable de energía y un componente clave para conseguir en nuestro país mayor independencia energética. Incrementar nuestra capacidad de generación de energía solar protegerá al país de fluctuaciones de precios en los mercados internacionales de energía y, especialmente, en el de los combustibles fósiles. España es uno de los países con mayor potencial de crecimiento en este tipo de generación, y tu puedes contribuir con tu instalación solar.
solar jobs

6. Ayuda a tu economía local y genera empleos

La industria de la energía solar se está convirtiendo en un sector importante dentro de la economía nacional, generando empleos a un ritmo significativamente superior a la media nacional. Y este crecimiento no ha hecho más que empezar. Dado que los trabajos de instalación y mantenimiento de este tipo de sistemas requiere mano de obra local y cualificada, existe una contribución directa a la economía nacional, incluidas zonas de dispersión geográfica y con problemas para fijar población.
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7. Protege el medio ambiente

La energía solar es una buena alternativa para reducir las emisiones de carbono. Los edificios en general generan aproximadamente el 38 por ciento del total de emisiones de carbono, y la instalación de sistemas de autoconsumo solar reduce de forma significativa este impacto. La instalación residencial media de paneles solares evita la emisión de entre 3 y 4 toneladas de carbono a la atmósfera cada año - el equivalente a plantar 100 arboles anualmente.
energy efficient lightbulb

8. Demuestra tu compromiso con la sotenibilidad

Sostenibilidad y responsabilidad social corporativa se han convertido en importantes factores dentro de los valores y cultura de las organizaciones empresariales. Y esto ha sido así porque se traducen en resultados. Cada vez más, tanto la sociedad en general como los consumidores en particular valoran más y premian a los negocios que deciden optar por modelos operativos más sostenibles y responsables. Las empresas están viendo que la etiqueta "verde" tiene cada vez más peso en el proceso de decisión de compra del consumidor, generando confianza en el cliente, y mejorando los resultados de la compañía.
smiling face

9. Mejora el ambiente laboral y el compromiso de los empleados

Al igual que los consumidores, los empleados han demostrado apreciar significativamente el compromiso de su empleador con la sostenibilidad y la responsabilidad operativa. Los empleados se involucran más con la compañía al compartir sus valores y contribuir a generar un impacto positivo en la sociedad. Las compañías más orientadas a generar menor impacto en el medio ambiente y contribuir de forma positiva a la sociedad tienen menor rotación de personal, cuentan con empleados más implicados, y mantienen un alto nivel de moral en sus plantillas.
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10. Mantente Competitivo

Las empresas están dándose cuenta rápidamente de los beneficios tanto sociales como económicos que implica usar sistemas de generación de energía solar. A medida que compañías pioneras en este tipo de sistemas están demostrando que consiguen adelantar a su competencia, el resto del mercado tendrá que incorporar este tipo de sistemas simplemente para mantenerse competitivas dentro del mercado.

lunes, 10 de enero de 2011

Crisis

Tengo que confesar que a mi esto de la crisis me encanta. Si, si. No pongáis esas caras. Yo es que sólo le veo cosas buenas. Ya se que el 20% de vosotros.....espera, que me acaban de twitear, el 21% de vosotros está en el paro. Pero, la verdad, al otro 79% esto nos ha venido de coña.

Vosotros sabéis lo que es esto de irte al club del gourmet y que no estén agotados el foie y las ostras? Que tiempos aquellos en que ibas feliz al Corte Ingles, deseando tirarte el pisto con alguna churri, pensando que en cuanto le metieras un par de tostadas de foie con puré de manzana el sujetador iba a salir disparado cual gacela descarriada. Pero, claro, llegabas al sitio y veías una cola de señores trajeados pagando en la caja con billetes de 500 € y diciéndole a la cajera: “Quedate la vuelta, bonita, que total, con vender una baldosa lo recupero”. Que cabrones. Esos seguro que hacían concursos de tiro con sujetador en sus casas. Mandaban a la parienta de crucero por las islas griegas. Llamaban a la tía esta que sale ahora en los programas del corazón y le decían: “Señora puta, aquí el Ambrosio. Me mande usted cuarto y mitad de damiselas liberales de las de a 6.000 €, y que hayan salio en la tele, que eso nos pone”. Que habrá sido ahora del Ambrosio. Porque estos tíos quemaban la pasta cosa mala. Comidas a todo lujo, botellas de vino que valían fortunas, bellinas a lo Berllusconi, yates, aviones privados y todo lo que hiciese falta. Pero, os lo creaís o no, cuando llego la crisis, los pobres no tenían nada. Empresa que quebraba, empresario que tenía un patrimonio de trecientos o cuatrocientos euros. Si es que el dinero es malo, malo.

¿Y que me decís de las colas en los bancos? Antes llegabas y tenías que esperar como dos horas para hacer cualquier gestión. Cuando llegaba tu turno, te atendía un caballero repeinado que te observaba con la misma curiosidad que a un insecto coleóptero. Le decías que querías una hipoteca de trescientos mil euros y te decía: “Sólo”. ¡¡¡Les parecía poco!!! Tu, que llevabas una semana sin poder dormir, intentando convencerte de que 40 años no es nada, que seguro que las pensiones cuando te jubiles serán mucho más altas y te dará para la hipoteca. Y el capullo me dice que: “Sólo”. Casi me dan ganas de matarlo. Pues ahora te vas al banco y aquello está más desierto que el Sahara, siempre que en el Sahara hubiera jubilados, claro. En treinta segundos te recibe el director en su oficina, a pesar de que le explicas que estas allí para pagar el recibo de la luz. Él, muy amablemente, te explica que eso es mejor domiciliarlo y que si no te llega la pasta ellos te la prestan al 35% de interés. Y te cobran cincuenta céntimos por el apunte. ¿Alguna vez habéis visto a alguien en un banco apuntando algo?

Otra ventaja de la crisis es que en mi barrio ya no hay robos ni atracos. Si no la tenéis, pedid que os pongan una oficina del INEM debajo de casa, porque es mano de santo. Como todos los días la gente empieza a hacer cola a las cinco de la mañana, no hay caco que se atreva a acercarse con doscientos pares de ojos en la acera. Una pena que cierren tan pronto. ¿Por qué no cogen gente de la cola y la ponen a atender por las tardes? Eso son dos pájaros de un tiro y lo demás tonterías. La verdad es que está muy mal organizado esto del INEM. ¿No sería mejor crear un grupo en Facebook y que se vaya agregando la gente como amigos si se quedan en paro? Aunque no se yo si estará preparado el chisme para aguantar cuatro millones de amigos. Y además estarían todos jugando al Farmville y todo el muro serían: Paco se ha comprado una oveja, María ha sembrado pepinos. Vamos, que poco práctico lo veo.

Ah, otra cosa que se me olvidaba. La pasta y el tiempo que te ahorras en periódicos y ver las noticias. Ya no hace falta. Para los nostálgicos, un consejo: grabaros un telediario. Si sois nostálgicos, en VHS. Y lo podéis ver todos los días, que no será muy distinto del que se pone en directo. Esto tiene otra ventaja: no te tendrás que tragar las historias del YouTube. Esas son las noticias de relleno que meten al final de las noticias, cuando ya no saben que contar. Deben tener a un becario encerrado en una habitación a oscuras y sin ventanas que se pasa ocho horas todos los días buscando videos gilipollas en internet. A los seis meses, patada el becario, que ya empezaba a seleccionar videos de asesinatos en serie y masacres en el lugar de trabajo, y se mete uno nuevo. Si os fijáis bien en los informativos podéis notar cuando cambia el becario. Un día, sin previo aviso, las noticias son de perros que salvan a sus amos o de un pollo que amamanta a una piara de gorrinos. Es como si el becario macarra de los asesinatos y los atracos se hubiese bebido una botella de dos litros de Mimosín.

Ya se que me llamareis sentimental, pero otra de las ventajas de la crisis es que, de repente, para tus padres eres la ostia. Mi madre, que en su puñetera vida mencionó mi nombre en la peluquería, ahora ha conseguido convertirme en una especia de celebrity en mi pueblo. “Que mi niño sigue trabajando, y en Madrid ni más ni menos”. “Uyyyyy, eso debe ser que es muy listo”. “Si, hombre, si. Si ya de pequeño apuntaba maneras. Yo le ponía en la cola para subir a la noria y el que nada, que no quería”. “Hay que ver lo que hace la educación”. Es que en mi pueblo trabajar, lo que se dice trabajar, no trabaja nadie. La más joven de todo el pueblo es mi madre, que ya ronda los setenta. Con eso lo digo todo.

jueves, 6 de enero de 2011

Proyecto ibérico II

Desde que habían mantenido la conversación, Gerión buscaba en su interior para encontrar lo que su padre le había dicho, pero lo único que sentía era inquietud y zozobra. Nada más. Un día decidió adentrarse en los montes que separan la costa de la planicie interior. Durante dos días buscó y buscó hasta que consiguió dar con una cueva habitada por lobos. Gracias a Dios, los lobos, bien alimentados en medio de la primavera, sólo observaron al chico con curiosidad, permitiéndose incluso asentarse en su guarida sin oponer mayor resistencia. Gerión pasó dos días en su compañía, pero su interior seguía vacío. Nada se acalló, nada se resolvió. El gigantesco interrogante permanecía en sus entrañas.

Llegó a la conclusión que, a pesar de las leyendas, ese no era su camino ni su respuesta, y, arrastrando pesadamente los pies, regreso a la aldea. Todo el pueblo reaccionó con sorpresa al verle aparecer, incluido su padre. Todos daban por supuesto que no regresaría, que sería Gerión el joven, sucesor del otro Gerión el viejo. Pero el chico se limitó a dejarles atrás, entrar en su cabaña y acurrucarse en un rincón, donde durmió durante dos días seguidos, aunque sin paz.

Y allí estaba. Encaramado en el risco, mirando hacia el infinito mar, y pensando que su vida estaba acabada. Con la vista empezó a seguir a una gaviota, que, girando en círculos, intentaba evitar las corrientes de aire provocadas por el choque entre el aire salino del mar y el arenoso de la tierra. Atrapada en un torbellino, la gaviota salió disparada como una bala hacia el oeste y cuando ya los ojos de Gerión empezaban a percibirla como un punto blanco, el rabillo de su ojo izquierdo detectó un punto blanco mucho más grande, enviando mensajes de atención a su cerebro.

Al girar la cabeza y concentrar la vista Gerión vio a lo lejos tres manchas blancas sobre la superficie especular del mar. Las manchas parecían agitarse como si estuviesen en llamas, con movimientos convulsos y poderosos. En la base de la blancura llameante empezó a distinguirse una línea color ocre, que la separaba de la superficie del agua. Unos minutos más y se hizo evidente que, lo que Gerión contemplaba, eran tres barcos de velas anchas y alargadas. Los barcos aprovechaban las corrientes de aire de la costa para avanzar, siguiendo el litoral. Las naves le resultaban extrañas. Por supuesto, sabía lo que eran las velas, pero en su aldea rara vez se usaban, cuando con remar una escasa distancia el mar ya les proporcionaba todo lo que necesitaban. Estos barcos, además, contaban con planchas de metal en los laterales, o eso le parecía, ya que no había visto el metal más que una docena de veces cuando asistían al mercado de Llici a vender sus ostras.

La última vez que había estado en el mercado, había visto atracados en el puerto barcos similares a los que ahora observaba. Cuando preguntó a los íberos locales de donde provenían estas gentes le dijeron que eran guerreros venidos del otro lado del mar, desde una ciudad llamada Cartago, la más poderosa de todo el mundo. Pero los cartaginenses, le contaron, no habían venido a batallar. Si no a comerciar. Establecieron lazos de amistad con las tribus locales y obtuvieron permiso para iniciar explotaciones de minerales y establecer algunos emplazamientos en la región. Además, con sus modernas armas defendían a su pueblo de las incursiones de los salvajes de las sierras del interior. Todos parecían muy satisfechos con el acuerdo.

No obstante, eran guerreros. Gerión puso pies en polvorosa y se precipitó, casí se despeñó, montaña abajo dando gritos ininteligibles y agitando furiosamente los brazos. Los pescadores que descargaban sus barcas en la orilla miraron hacia el risco y, al unísono, pensaron que Gerión, definitivamente, había perdido la cabeza. Era cuestión de tiempo.

El chico tardó unos diez minutos en alcanzar la aldea. Ante la indiferencia general a sus gritos de advertencia, corrió al encuentro de su padre y le relató lo visto desde lo alto. Su padre, inmediatamente, salió de la cabaña y esta vez el pueblo si reaccionó. Los hombres corrieron hacia los botes. Por parejas, voltearon las embarcaciones y se metieron debajo, levantándolas en alto y llevándolas a un cobertizo alargado que normalmente se usaba para el secado del pescado. En cuestión de minutos todos los botes estaban ocultos en el cobertizo. Mientras tanto, las mujeres recogían a toda prisa los aperos de pesca que se secaban al sol, arrojándolos en el interior de las cabañas sin ceremonia alguna.

Cuando las naves cartaginenses embocaron el canal de entrada a la bahía sólo se veía una docena de edificaciones con aspecto de estar desiertas, abandonadas por algún pueblo que, insatisfecho con su elección para establecerse, simplemente había partido hacia mejores tierras. El vigía en la nave principal fue lo que vio, y así se lo indicó a la regia figura que, sentado sobre mullidos almohadones, era como el centro de gravedad de la cubierta.

Con movimientos lentos y naturales, Asdrubal se levanto para acercarse a la borda y observar el entorno. Su visión poco tenía que ver con la del vigía. El veía el puerto natural más perfecto que se pudiese imaginar, defendido en su entrada desde el mar, pero también en su acceso desde tierra, por farallones de roca. Esas rocas, además, prometían riquezas inimaginables. Riquezas como sólo se encontraban en Iberia. Y la sierra montañosa en el horizonte también auguraba posibilidades.

También vio otra cosa. Peces. En el borde la costa se veían cientos de peces engarzados en cuerdas, evidente resultado de una partida de pesca. La aldea no estaba deshabitada. El pescado estaba fresco.

'Desembarquemos inmediatamente. Pero, tened cuidado y equiparos con las armas. No estamos solos', indicó a su tripulación. La docena de marineros de su nave se sumó en tierra a la decena que viajaban en las naves menores, formando un grupo armado de veinte hombres de aspecto magnífico, que se habían ajustado sus petos de bronce y portaban lanzas de dos metros de altura.

Los habitantes de la aldea, refugiados en una de las cabañas, miraron al padre de Gerión, al que consideraban como el más sabio del lugar, para saber que hacer. 'Saben que estamos aquí. Salgamos Antos, Ferión y yo e intentemos averiguar que es lo que quieren sin que nos maten. Probablemente sólo necesitan agua y comida'. Muy lentamente, los tres aldeanos salieron de la cabaña y se acercaron al grupo de soldados, sin saber muy bien que hacer o decir.

Asdrubal observó al grupo de emisarios, detectando inmediatamente los balances de poder. El que iba al frente era el referente, era el que todos seguían. A estas alturas ya sabía que en la mayoría de los asentimientos íberos no existía un jefe como tal, pero la naturaleza humana era como era, y siempre existía un referente, un sabio, una persona excepcionalmente respetada en el grupo. Y todo era mucho más sencillo cuando se identificaba rápidamente y se concentraba la diplomacia en él. Asdrubal ya era un experto en estas lides. Más de un centenar de veces había asistido a encuentros como aquel, bien a las órdenes de su suegro Amílcar, bien de forma independiente.

'Estimado señor, dueño de todo lo que vemos. Yo y mis compañeros soldados venimos desde Llici en busca de paz y prosperidad, y parece que tu has llevado tu gran ciudad al éxito y la bonanza. Buscamos sólo un pedazo de tierra donde asentarnos y la licencia para explorar los alrededores, hacia el interior, porque sabemos que el mar es vuestro para explotar. Sólo pedimos nos des asilo, a cambio de la protección que nuestras corazas y lanzas os pueden dar. También os cedemos el uso de nuestros navíos, siempre que tengáis a bien otorgarnos una parte de las capturas que con ellos se realicen.' Trátales como a grandes gobernantes, y conseguirás todo lo que quieras, pensó Asdrubal.

miércoles, 5 de enero de 2011

Proyecto ibérico

227 A.C.

Siempre que tenía oportunidad, Gerión escalaba con los pies desnudos las escarpaduras de la roca, que a modo de vigía, guardaba la entrada a la bahía. El brazo de mar que penetraba en la tierra a través de un pequeño canal se abría formando una amplia ensenada, con aguas siempre calmas. Miles de años antes, un caudaloso rió labró la roca abriéndose paso hacia el mar. La roca caliza de la costa se partió como una manzana atravesada por un cuchillo, pero la tierra arcillosa de la actual ensenada se disolvió, dejándose llevar hacia el mar.

Desde lo alto del peñasco, si se miraba hacia el este, se podía contemplar el infinito mar, unos días de una calma casi celestial, otros de una bravura inimaginable. Al Oeste, el borde de la ensenada estaba tachonado de pequeñas cabañas confeccionadas en su mayor parte de paja empapada en arcilla, inteligentemente apilada hasta unos dos metros de altura. Las paredes estaban rematadas por techos pajizos, que cada verano debían sustituirse para asegurar que la escasa lluvia del invierno no penetrase al interior.

El pequeño asentamiento se conocía con el nombre de Mastia. Según las historias que su padre le contaba, los primeros pobladores llegaron a Mastia procedentes del oeste, desde la misteriosa ciudad de Gadir, que ya nadie sabía donde podía estar. Cualquier memoria colectiva del pasado se había esfumado en una comunidad que, desde el primer momento en que se asentó, se dedicó pacíficamente a la pesca, limitando sus contactos con otras tribus a los necesarios intercambios de mujeres que garantizasen una mínima variedad genética. Todavía faltaba mucho para Mendel, pero era evidente para todos que la endogamia debilitaba a la progenie.

Gerión había sido feliz en el pueblo siendo un niño. Persiguiendo a los pescadores hasta la orilla y ayudándoles a empujar sus pequeños botes en el agua. Guiando las manos de las ancianas cuando trataban de reparar las redes con palo e hilo. Encaramándose a las rocas bajas en un extremo de la playa para zambullirse en las aguas cristalinas del caliente mar de verano. No había preocupaciones ni en su corazón habían despertado espíritus dormidos.

Pero hacía unos meses, de forma repentina, su tranquilidad terminó. Nada especial había ocurrido para provocarlo. Pero esa noche, no durmió. No podía soportar la idea de pasar un día más en la aldea. Y no sabía por qué. Ahora ya formaba parte, aunque fuera como aprendiz, de las partidas de pesca. Ya le consideraban un adulto y pronto iría en busca de esposa al otro lado de las montañas. Su vida empezaba a tener sentido y ser completa, igual de completa al menos que las del resto de habitantes del pueblo. Pero entonces, ¿por que se le despertaba ese sentimiento?

Gerión preguntó a su padre, al que no tenía por un hombre especialmente sabio, pero que siempre le daba respuestas claras y concisas. 'Padre, yo creo que no he nacido para tener la vida que tu has tenido', le dijo un día aprovechando que estaban solos en la cabaña. 'No me extraña, hijo mío. Nunca deberíamos haberte dado ese nombre.' Y su padre se lo explico.

Gerión era un nombre que venía de antiguo, traído hasta allí por los fundadores desde Gadir. Su madre se había empeñado en nombrarle así, aunque estaba prohibido en la aldea desde que hacía cinco generaciones Gerión el viejo, como le llamaban, montó en su barca una mañana y nunca regresó.

El nombre provenía de un rey de su pueblo. Un gigante de tres cabezas que pacíficamente pastoreaba sus bueyes a las orillas del río que desemboca cerca de Gadir. Pero un día apareció en su tierra un hombre llamado Heracles. Heracles decía venir del otro lado del mundo para cumplir unas pruebas, entre las que se encontraba matar a un gigante. Y parece ser que Gerión era justamente lo que buscaba. El pobre Gerión, desconocedor de la violencia y de la maldad humana, acostumbrado como estaba a sus bueyes, dejó a Heracles subirse a sus hombros para que este pudiese ver hasta el horizonte y buscar a su gigante. Del primer tajo, Gerión perdió una cabeza. '¿Por que me has cortado una cabeza?', preguntó Gerión sorprendido. 'Ha sido un descuido, querido Gerión. Estaba intentando pelar esta naranja y se me ha escapado el cuchillo. Lo siento mucho', mintió Heracles. El pobre Gerión disculpo a Heracles y le dijo que no pasaba nada grave. Al fin y al cabo, tenía otras dos cabezas.

Al cabo de un tiempo, Gerión volvió a sentir la daga de Heracles sobre uno de sus cuellos y le dijo: 'Cuidado, Heracles, no me vayas a cortar otra cabeza'. 'No te preocupes, Gerión, solo te estoy quitando una brizna de hierba que tenías aquí mismo.' Y de un tajo le rebano la segunda cabeza.

Enfurecido, Gerión arrojó a Heracles al suelo y le pidió que se marchase, ya que con una sola cabeza y ese guerrero tan descuidado cerca, temía por su vida. Heracles se deshizo en disculpas, asegurándole que nunca había sido su intención hacerle daño, y que necesitaba su ayuda por última vez para recuperar un anillo que se le había caído dentro de la madriguera de un topo.

Gerión, sin saber lo que era la desconfianza, agacho su cabeza hasta el agujero en el suelo, y no viendo nada siguió empujando y empujando hasta que toda ella estaba enterrada en la tierra. Aprovechó entonces Heracles para cercenarle el cuello y acabar con el gigante. Después lo descuartizó y metió sus restos en un enorme saco. Las leyendas contaban que, pasando enormes dificultades, viajo al norte, hasta el fin del mundo, donde construyo una torre sobre los restos del gigante, justo en el borde de un mar desconocido.

' Ese nombre, hijo mío, te destina a ser como el gran rey. Inocente ante las maldades de los otros. Confiado hasta la estupidez. Y más destinado a vivir entre animales que entre personas. Se dice que todos los portadores de ese nombre, más tarde o más temprano, tienen que dejar a los suyos para comulgar con su verdadera familia: los animales. Gerión El Viejo ya hablaba con los peces antes de desaparecer y muchos piensan que se fue a vivir con ellos voluntariamente. Por eso no me extraña lo que dices. Porque desde hace tiempo espero que un día desaparezcas para convertirte en un salvaje que recorra las montañas con los lobos.'

Gafe


El Servicio de Correos de los Estados Unidos de América emitió en 1999 una serie de sellos de 60 centavos en homenaje al Gran Cañón del Colorado. Se trata de sellos de gran tamaño que mostraban una hermosa vista del cañón y la leyenda "Gran Cañón, Colorado". El único problema con los sellos es que el Cañón del Colorado no está en Colorado, sino en Arizona. Los gerentes de correos decidieron destruir la serie completa, compuesta de 100 millones de sellos, y cuyo coste de emisión había sido de aproximadamente 500.000 dólares, y volver a imprimirlos con la leyenda correcta. Los nuevos sellos mejorados salieron a la venta en Enero del 2000, pero pronto Correos recibió quejas del público porque la imagen del Gran Cañón en el sello estaba del revés, siendo una imagen especular del Cañón, y no la real. El Servicio de Correos se dio por vencido y decidió que, a pesar del gazapo, mantendrían los sellos en circulación.

Proyecto ruso

Ivanushka estaba desobedeciendo a su padre. Pero la ciudad estaba presenciando cosas sorprendentes ese día.

Durante dos años al chico le parecía como si el influjo maléfico del cometa hubiese estado presente. Incluso con el mal presagio, había cosas que eran difíciles de entender.

En ningún momento había llegado a encontrarse con el Principe Vladimir. La razón, según le decían, era que la madre del joven, la princesa griega, había muerto. 'Vladimir y su padre están de luto', le dijo Igor. 'No es buen momento. El próximo año, sin embargo, todo estará más tranquilo'. Pero si eso era así, ¿como era posible que el padre de Vladimir se hubiese buscado una nueva esposa antes de acabarse el año? Y nada menos que una princesa cumana.

'Eso es todo política', le explicó Igor. 'El padre de la novia es un poderoso jefe de los cumanos, y el príncipe quiere proteger Perislav de los ataques desde la estepa.' A pesar de ello, sólo unos meses después, los cumanos salieron de la estepa. La tierra de Rus se vio atacada con más fuerza que nunca, cientos de poblaciones incendiadas.

Y seguían sin tener noticias del padre de Vladimir para visitarles. El príncipe lo había prometido; ahora parecía haberse olvidado, dejando a Ivanushka a la deriva, inútil, en Kiev.

Quizá su hermano Seviatopolk estaba en lo cierto cuando le susurro al oido una fría mañana de aquella primavera: 'Nunca serás el paje de Vladimir, ¿sabes? Se han debido enterar de lo inútil que eres.' Cuando se pregunto en voz alta quien podría haberles dicho tal cosa, Sviatopolk sonrió, susurrando: 'Puede que fuese yo'.

Y también había ocurrido lo del Príncipe de Polotsk. Tras derrotarle, el Príncipe de Kiev y su hermano ofrecieron al 'hombre lobo' un salvoconducto para asistir a una reunión de familia. Entonces, vergonzosamente, le atraparon y arrojaron en los calabozos del castillo de Kiev, donde seguía prisionero. Sin embargo, cuando Ivanushka le preguntó a su padre si esa traición no era pecado, Igor simplemente le dijo que, por desgracia, algunas veces era necesario mentir. Ivanushka no llegaba a comprenderlo.

Por último, amenazando a todos y todo, llegaron los cumanos. Hacía menos de una semana, en la quietud de la noche, los hombre de la tierra de Rus había tomado sus armas para asestarles un golpe definitivo cerca de la ciudad de Pereiaslav. Pero les habían derrotado. Humillados, su padre junto a los grandes príncipes, tuvieron que retirarse atropelladamente hasta Kiev, donde se habían refugiado tras las altas paredes de roca de la ciudadela. Desde entonces se había extendido una especie de letargo enfermizo entre los miembros de la druzhina. Día tras día Ivanushka esperaba ver resurgir a los boyardos, entre ellos su padre, dispuestos a plantar cara de nuevo al enemigo. Pero, sin embargo, nada ocurría. Estaba seguro de que no era el miedo lo que les paralizaba, que no serían capaces de permanecer seguros y resguardados mientras su pueblo sufría y moría a manos de los invasores. Pero entonces, ¿que era? Sin duda, pensaba el chico, deben haber caído bajo el influjo maléfico del cometa.


jueves, 30 de diciembre de 2010

Ejercicios de Estilo I

Tres vueltas. Ya llevaba tres vueltas dadas a la maldita rotonda sin saber que salida debía tomar para llegar al aeropuerto lo antes posible. Y esta vez era realmente importante llegar a tiempo. Esa misma mañana había recibido un mensaje de Samuel bastante claro: "Recoge a Lin antes que los otros. Vuelo MNN 456 procedente de Dublin. Llegada a las 19:15 en terminal 2. Good Luck". ¡Que manía tenía este hombre de terminar todos los mensajes con algo en inglés! Siendo natural de Manchester podría parecer hasta normal, pero Samuel llevaba 30 años viviendo en España y era más patrio que la tortilla de patata o que el bocadillo grasiento de calamares.

Cuarta vuelta, y seguía perdiéndose en su cabeza en vez de tomar una salida. Decidió tomar la primera de turno, y salió enfilado hacia una carretera estrecha de doble sentido que, sorprendentemente, acababa en el gigantesco aparcamiento de la terminal. Odiaba dar vueltas con el coche buscando una plaza para aparcar. Encontró una planta en la que había 2 coches aparcados en las más de 400 plazas disponibles: amarillo, R, 3. Amarillo, R, 3. Como siguiesen complicando estos códigos tendría que empezar a escribirlos.

Flotando sobre la cinta transportadora, vio que la puerta de llegadas vomitaba pasajeros de forma continua, imposible saber de que vuelo procedían. Las pantallas informaban que el MNN 456 ya había aterrizado, con 15 minutos de adelanto, por lo que esperaba ser el primero en llegar. Se apoyó en la valla metálica que impide el acceso a la zona de la puerta. A su lado, un hombre vestido de uniforme con aspecto de chofer mostrando un cartel con letras bastante dibujadas que rezaban "Sr. López". "Pues lo lleva claro este para encontrarle", pensó. Amablemente le preguntó al caballero si podía usar una de sus cartulinas y su rotulador. Rápidamente garabateo en el papel "Lin" y devolvió el rotulador a su dueño, dando las gracias.

Dos minutos después, desorientada por la inundación de luz del lobby del aeropuerto, apareció en la puerta una mujer menuda, de aspecto escandinavo, pero pelo negro, cargando al hombro una mochila tan grande como ella y arrastrando una maleta de flores con ruedas. Entrecerrando los ojos, le vio con el cartel en alto, y se dirigió hacia el sin dudarlo, adelantando una mano y diciendo estar encantada de conocerle.

"Hola, encantado de conocerte. Soy Lin. Olga Frida Linvistik, pero llámame Lin. Que tonta, ¡si ya me lo llamas en el cartel! ¿Te envía Samuel?".

"Si, me pidió que viniese a recogerte y que lo hiciese rápido, antes que los otros".

"Pues menos mal que le has hecho caso. En un rato te lo explico".

Juntos salieron del aeropuerto comentando lo hermosa que estaba la ciudad en invierno, los problemas que Lin había tenido para conseguir un billete en estas fechas, y la cantidad de gente que atestaba el aeropuerto.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Origen



¿Cuanto hace que no ves una película que realmente te sorprende y te hace pensar? Porque con 'Origen', en cuanto se enciendan las luces de la sala (o del salón) te quedarás pegado al asiento mirando con cara de bobo a la pantalla preguntándote que demonios ha pasado.

Por supuesto, no es la primera vez que el director Christopher Nolan consigue despertarnos de la aburrida pesadilla en que se ha convertido ir a los cines últimamente. 'Origen' fusiona la enormidad de la taquillera 'El Caballero Oscuro' con los tintes independientes y provocadores de 'Memento' para crear una experiencia de amplio espectro que deja a la altura del barro cualquier otra película estrenada durante el verano de 2010.

Al igual que 'Memento', 'Origen' es una película que requiere varios visionados para poder apreciar toda su magnitud. Y dado que Nolan insiste en crear historias no lineales, sin anclarnos a una rígida trama argumental, el ejercicio no resulta en absoluto trabajoso.

Estas son algunas pinceladas sobre el argumento: Leonado DiCarpio es Dom Cobb, un ladrón futurista cuya especialidad consiste en infiltrarse en la mente de las personas mediante sus sueños para obtener información. Se trata de un trabajo con no pocos riesgos, pero su siguiente encargo será algo especial.

Un misterioso hombre de negocios (Ken Watanabe) pide a Dom cambiar – en vez de simplemente robar – los pensamientos de un empresario competidor (Cillian Murphy). El equipo de Dom (que incluye a Joseph Gordon-Levitt y Ellen Page) es extremadamente reticente. Plantar ideas en el subconsciente de un sujeto requiere penetrar a unos niveles en su mente que implican graves riesgos para todos los involucrados. Pero Dom, torturado por la muerte de su esposa (Marion Cotillard), ve en esta misión una oportunidad para redimirse y encontrar algo de paz.

No hay forma de recoger adecuadamente en una sinopsis el complejo universo que Nolan crea al introducirnos en cada capa de sueños, visualmente elaborados. Es cierto que algunas partes de la historia flojean, como toda la linea argumental de la mujer de Dom, que resulta poco desarrollada, y quizá el desarrollo de la acción pudiese haber sido ligeramente más rápido. Pero la enorme ambición visual y la inteligencia aplicada a la creación fílmica, harán que tengas la sensación de haber visto veinte capítulos de tu serie preferida de ciencia ficción comprimidos y optimizados.

Ni Nolan, ni probablemente nadie, es capaz de crear una película tan imprevista, excitante y sorprendente como nuestros propios sueños. Pero sin lugar a dudas lo intenta de forma más que satisfactoria.

Bosque de piedra


Las nervaduras de piedra escalaban la pared como una planta trepadora con control remoto, siguiendo arcos imaginados en la cabeza del constructor. A partir de tres volutas rematadas con pequeñas esferas en su parte baja, cada nervio recorría la pared para encontrarse con su pareja en lo alto del arco, formando una cruz casi arbórea. La naturaleza se traslada a piedra y el ser humano puede sentirlo al penetrar en el edificio: estamos de vuelta en los bosques de castaños y encinas milenarias, añorando el verdor y los aromas, pero con un sentimiento de solemnidad añadido por la paz y la quietud del entorno. Es fácil comprender como algunos encuentran a Dios en estos lugares, yo me encuentro a mi mismo. Sólo aquí puedo respirar, y creo que puedo ver como cada átomo de oxígeno penetra en mi cuerpo, como atraviesa las paredes de los alvéolos y se convierte en amante de algún glóbulo rojo deseoso de nuevas sensaciones. La vida fluye con tanta lógica y exactitud como la arquitectura que me rodea, plena en su belleza. La piedra húmeda quiero creer que actúa como una memoria milenaria, acumulando las experiencias, sentimientos y vivencias de los que nos precedieron. Y si uno reposa sus manos desnudas sobre ella puede sentir vibraciones en el alma. Reverberaciones de los ancestros. Si que hay vida más allá de la muerte.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Siesta

Hoy, por primera vez en mucho tiempo, me he dormido la siesta. A mi me pasa algo curioso con la siesta, que no se si te pasará a ti. Mis sueños nocturnos y los de la siesta son muy diferentes.

De noche, los sueños son extraordinariamente elaborados: partiendo de un entramado de realidad, mezclado con ficción procedente de películas y series de televisión, voy mezclando personajes a toda velocidad para torturarme o recompensarme.

En los sueños de castigo mi subconsciente siempre elije paisajes urbanos, plagados de cemento, coches y, siempre, un tranvía. Engarzados en este escenario aparecen personas que sólo me despiertan sentimientos desagradables: aquel funcionario que me denegó el último permiso para no hacer la mili, el compañero de piso cuya única finalidad en la vida era amargarme la mía, el amigo traidor al que entregue todo y me devolvió nada. Sus caras aparecen encajadas en cuerpos que no les corresponden, y normalmente aparecen conduciendo algo: un coche, un autobús de dos plantas, el maldito tranvía. Y siempre me atropella uno de ellos. Mi cabeza sale rodando enloquecida, pero el rostro siempre mira a la cámara: porque en mis sueños yo soy una cámara, testigo de los acontecimientos.

En los sueños que yo llamo de recompensa, mi psique debe intentar premiarme por algo bueno que yo le he entregado. En estos casos aparezco en las montañas, frecuentemente en las del norte de Palencia o cerca de Oseja de Sajambre, caminando sólo. Durante un buen rato. Sólo escuchando el silencio ruidoso del bosque y absorbiendo los olores. Pero, de repente, en un arbol, una roca o una libélula extraviada reconozco a alguien que he amado, o al amigo leal que nunca me abandona, o a la persona anónima que amablemente me ayudó. Y siento una paz plena, una comunión pagana con el mundo que me rodea y con esas almas que me he encontrado a lo largo del camino.

Sin embargo, en la siesta, mi mente se revela contra lo inusual. Solo veo rinocerontes. Rinocerontes corriendo. Rinocerontes durmiendo. Rinocerontes pastando. ¿Tienes tú una respuesta a esto? Tu que me conoces como si fuese un guante vuelto del revés, ¿puedes decirme que significa? Déjalo, no importa.


jueves, 23 de diciembre de 2010

Buscando en el armario

Hace días que me ronda la cabeza, de forma obsesiva, un pensamiento absurdo: que estaría escondido tras las toallas en el armario de mis padres en las navidades de 1978.

Mis padres no eran precisamente unos James Bond en la compra de nuestros regalos de Reyes. Recuerdo aparcar en el Galerías Preciados de Uría, en Oviedo, en el coche de mis padres con mis dos hermanos en la parte trasera, dándonos guarrazos. Mis padres nos dejaban en el coche mientras, supuestamente, iban a comprar unas cosas que tenían que comprar. Tras media hora salían con una cajas envueltas en papel de regalo que rápidamente metían en el maletero. Recuerdo que pregunté que había en las cajas, intrigado. Mi madre me dijo que dentro había una falda y unos pantalones. Pues menuda falda más rara, ¿no?

Cuando volvíamos a casa las cajas desaparecían en el cuarto de mis padres y no volvíamos a saber nada de ellas. Ni veíamos a mi madre con una falda nueva de formas cuadrangulares. Ni a mi padre con unos pantalones de astronauta, que son los únicos que cuadraban con el tamaño de los paquetes.

Tenía que averiguar que había en los paquetes, y, aprovechando un descuido de mis padres, me escurrí en su habitación y abrí el armario de su cuarto, un armario enorme que servía como almacén central para todo. Detras de las pilas de toallas vi los paquetes, y me quedé paralizado. ¿Que podía hacer? Si los abría, se enterarían, y tenía asegurada una bronca monumental (probablemente con lanzamiento de zapatilla incluido). No me atreví, y aún hoy en día me pregunto que fué de esos paquetes.

El día de Reyes todos los hermanos recibimos nuestros regalos, pero ninguno de ellos estaba envuelto con el papel que yo había visto en el armario. Tampoco el de mi padre. Ni el de mi madre. Pero los paquetes ya no estaba: lo verifiqué unas horas después aprovechando otro descuido.

Recuerdo haber pensado entonces que quizá los paquetes eran un regalo para los Reyes o para sus camellos (de pequeño pensaba que los camellos deberían ser los principales protagonistas, porque eran lo que cargaban con los regalos), porque no encontré otra explicación.

A punto de coger las maletas e irme a casa por Navidad sólo tengo una cosa en la cabeza: tengo que interrogar a mi padre sobre el paquete desaparecido. Aunque me arriesgue a un lanzamiento de zapatilla...

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Mi juramento

A partir de hoy me comprometo conmigo mismo a no olvidar hacer cada día algo que me recuerde que soy un ser pensante, a liberar la mente a través de la imaginación y la escritura, a no dejarme arrastrar de nuevo a la desidia y el conformismo, a dedicar tiempo a mis amigos, si es que me queda alguno!!!!! A romper con una soledad autoimpuesta para servir a un señor que no lo es. Se acabo.

lunes, 29 de marzo de 2010

Reflexiones desde la taza

No es falsedad
ser un mentiroso más.
Es dejarse ir.

Que pesadilla.
De la Vega sonríe.
Ya no dormiré.

Sabiduría.
¡Resulta tan esquiva!
¿Es tontería?

Busco bajo el
tilo siguiendo el haz
de luz. Caracol.

Belen Esteban
se opera la nariz.
Detente, país.

Necesito ir
a las montañas blancas
y dormir en paz.

sábado, 9 de mayo de 2009

AIDA

She walks in beauty

She walks in beauty, like the night
Of cloudless climes and starry skies;
And all that's best of dark and bright
Meet in her aspect and her eyes:
Thus mellow'd to that tender light
Which heaven to gaudy day denies.

One shade the more, one ray the less,
Had half impair'd the nameless grace
Which waves in every raven tress,
Or softly lightens o'er her face;
Where thoughts serenely sweet express
How pure, how dear their dwelling-place.

And on that cheek, and o'er that brow,
So soft, so calm, yet eloquent,
The smiles that win. the tints that glow,
But tell of days in goodness spent,
A mind at peace with all below,
A heart whose love is innocent!

sábado, 25 de abril de 2009

Proyecto Brainstorm

1
Eleanor Lanssing esperaba en la pequeña sala atestada de bancos del aeropuerto internacional de Christchurch la salida de su vuelo: Pacific Blue 6778 hacia Sídney. El pequeño aeropuerto está situado a menos de diez kilómetros del centro de la ciudad, y no le había tomado más de 25 minutos atravesar sus silenciosas calles en su todoterreno de alquiler en aquella mañana de domingo. La ciudad parece conservar, después de más de 150 años, al menos una parte de los valores que impulsaron a la sociedad anglicana que la fundó. Auspiciados por el arzobispo de Canterbury, decidieron levantar en un tranquilo y resguardado emplazamiento de la costa este de la isla sur de Nueva Zelanda una moderna Jerusalén, regida por las más estrictas costumbres victorianas y valores católicos, que supusiese un refugio para la familias de clase media, deseosas de abandonar la relajación moral y depravación de los barrios de Wellington. En la actualidad la población cuenta con más de 400.000 habitantes, siendo la segunda en tamaño del país, pero sin ninguna duda la primera en cuanto a visitantes. En las proximidades de la ciudad se puede disfrutar de la nieve, los paisajes salvajes, la naturaleza en estado puro, los deportes de riesgo y, en resumen, montones de actividades de esas que ahora se popularizan a medida que los hombres cada vez necesitamos con más urgencia volver a sentir la sensación de libertad y peligro que llevamos inscrita en nuestros genes.

Pero Eleanor no se había visto atraída hacia la ciudad por ninguno de estos aspectos, sino por una casualidad geográfica. La ciudad de Christchurch se encuentra exactamente en las antípodas de La Coruña. Si trazamos una línea recta que parta de la plaza de María Pita, en La Coruña, y la hacemos pasar por el centro mismo de la tierra, este imaginario eje surge como por arte de magia bajo los cimientos de la catedral de Christchurch, en la plaza del mismo nombre. Eleanor había descubierto este dato hacía menos de un mes, cuando un simple trozo de papel transformó su vida. Pero esa es otra historia a la que volveremos más tarde.

Mientras su cabeza repasaba una y otra vez los acontecimientos de los últimos días, el murmullo del aeropuerto comenzó a ser cada vez más evidente. Más y más personas acudían a la terminal, probablemente debido a que la hora de salida del vuelo a Australia se aproximaba. Eleanor se sorprendió rodeada de jóvenes greñudos, terriblemente morenos, cargados con mochilas y sus tablas de snowboard. Sabía que la mayoría eran australianos por esa forma curiosa que tienen de hablar. Siempre le recordaba a cuando intentas pedir un café en un bar tras salir de una sesión de más de dos horas de dentista con la boca entumecida. Aunque era incapaz de comprender ni una sola palabra, sabía con certeza que las conversaciones versaban sobre las hazañas, más o menos reales, más o menos exageradas, conseguidas sobre la nieve, o mejor aún, en las noches de juerga en Methven. ¿Tenía algún sentido recorrer más de dos mil kilómetros para emborracharse en un local idéntico a los que se pueden encontrar en cualquier esquina de sus ciudades, y tirar los tejos a las mismas chicas que, en la mayoría de los casos, asistían a su misma universidad y se cruzaban todos los días camino de la biblioteca? Parece que el síndrome del viajero se apodera de todos últimamente. Síndrome poderoso pero mutante, y siempre presente. Primero el hombre empezó a viajar para sobrevivir: buscar comida, buscar caza, buscar hembras. Después vino la curiosidad: hasta donde podemos llegar, que hay en la tierra. Luego vino la codicia: buscar oro, explotar a otros pueblos, el comercio. Más tarde, la vanidad: el explorador que recibe gloria por llegar al polo sur, por subir al Everest, por salir en el periódico. En una nueva vuelta de tuerca llegó el viaje por salud: ir a darse baños, a tomar el sol, a respirar el aire de la sierra. Ahora, la última razón es el viajar por anotar muescas en el revólver. El que más viaja es el más libre, el que ‘mejor se lo monta’, el espíritu más alocado, el ‘hombre de mundo’. Y nada más lejos de la realidad. A estos viajeros no les gusta cambiar de forma de vida, y los destinos turísticos lo saben. Montan enormes complejos que imitan y reproducen el ambiente de seguridad al que están acostumbrados los viajeros. Fundamental, no obstante, introducir con cuentagotas rasgos exóticos o supuestamente autóctonos que permitan a la gente contar algo cuando vuelva a casa. “Que palmeras”, “nos ponían plátano frito para desayunar”, “iban todos vestidos con unas mantas muy raras envueltas a la cintura”. Haced la prueba si no me creéis. Si conocéis dos personas que hayan viajado, digamos, a las islas Fidji preguntadles sobre el lugar. Invariablemente os contarán lo mismo: las mismas anécdotas, las mismas actividades, la misma falta de contacto con la gente de verdad, el mismo aislamiento en sus complejos turísticos.

Una voz nasal anunciaba la salida del vuelo 6778 de Pacific Blu con destino a Sidney. Los pasajeros de las filas 43 a 21 podían embarcar inmediatamente. El resto, a esperarse. Eleanor miró su billete para ver si había resultado agraciada en la lotería aérea y, para su sorpresa, vió que tenía asignado el asiento 38B. Recogió su bolso del asiento de al lado y se encamino al mostrador de embarque, con el pasaporte y el billete preparados. Una amable azafata, con rasgos nórdicos, y que no encajaba para nada en aquella parte del mundo, le sonrió amablemente mientras comprobaba sus credenciales y la tarjeta de embarque. Con un ligero movimiento del hombro derecho le indico que podía pasar. Tras dejar su ligera chaqueta y el bolso en el compartimento de la parte superior, Eleanor se acomodó en su asiento e inmediatamente buscó los extremos de su cinturón de seguridad para ajustárselo. Era una manía adquiría hace tiempo y sin ninguna razón aparente: siempre se abrochaba el cinturón nada más subirse en el avión y nunca se lo quitaba hasta llegar a destino. A medida que el avión se iba llenando vio que el asiento inmediatamente a su derecha no se ocuparía. Parece que era su día de suerte. Primero, embarcar al principio. Después, dos asientos para ella sola.
Los motores del avión comenzaron a zumbar y el aparato rodó silenciosamente hacia la pista de despegue. Los pilotos recibieron la confirmación para el despegue desde la torre de control. Empujando hacia adelanta la palanca de control, los motores rugieron al aportar la máxima velocidad de impulso y el avión salió disparado por la pista, adquiriendo poco a poco su máxima velocidad. En el último momento, cuando la nariz del avión debía elevarse despegando las ruedas del tren delantero del suelo, algo ocurrió. La barra de amortiguación del tren delantero se partió por la mitad como si la hubiesen cortado con un laser. La pareja de ruedas con parte de su sujeción de acero rebotó contra el suelo mientras el morro del avión se desplomaba sobre la pista. Por el impacto, el fuselaje se combó ligeramente hacia arriba, e impulso con fuerza los restos del tren delantero hacia atrás, incrementando el efecto de la velocidad. Las ruedas, girando enloquecidas, impactaron brutalmente contra la ligera estructura de aluminio del ala derecha del avión, justo al lado de uno de los motores. Esto provocó un enorme boquete en la parte inferior del ala, y por tanto, en el depósito de combustible allí alojado. El queroseno comenzó a brotar como una riada, empapando la pista, el fuselaje y entrando directamente en el motor. La fricción de las partes móviles de la turbina sumada a la entrada masiva de combustible generó en un segundo una bola de fuego, que salió como una bocanada entre las palas del rotor. Este fuego se extendió rápidamente por las zonas empapadas de queroseno, se introdujo en el depósito dañado y atravesó el avión pasando al ala izquierda. Allí, el combustible encerrado, entró en combustión. Al no poder expandirse, se produjo una tremenda explosión que desintegró el ala completamente, enviando fragmentos de ala y los motores como proyectiles contra el fuselaje. El impacto abrió el fuselaje en varios puntos, por los que penetro el combustible que volaba por todas partes. El interior se incendió a continuación, calcinando a más de mil grados las maletas, asientos, moquetas y cuerpos a su paso. Treinta segundos después, sobre la pista del aeropuerto solo quedaba un amasijo de hierros, carne, fuego y humo totalmente irreconocible. Los servicios de emergencia sólo encontrarían un superviviente: uno de los jóvenes esquiadores. Prácticamente calcinado, moriría en la ambulancia camino al hospital.